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EL NOMBRE DE LA ROSA. RESEÑA DE LA NOVELA.

Querido lector,


si te gustan las novelas históricas, la época medieval, la teología, la filosofía y las historias de crímenes y misterio, te invito a que te adentres en la enigmática narrativa de El Nombre de la Rosa.



Con su primera novela, Umberto Eco, profesor, filósofo y escritor italiano, nos sumerge en la vida monástica del siglo XIV.



A través de Guillermo de Baskerville (fraile franciscano y antiguo inquisidor) y Adso de Melk (novicio benedictino y discípulo de Guillermo) el lector se adentra en una abadía benedictina del norte de Italia para investigar un supuesto asesinato.


Desde el comienzo de la historia es palpable que este lugar esconde numerosos secretos. Al llegar a la abadía, Guillermo muestra su sagacidad en varias ocasiones y reflexiona acerca de su compleja labor advirtiendo a Adso y al lector del aire de reticencia que se respira en el monasterio. "Todos nos ocultan algo".


El libro llega a tener tal cantidad de información y detalles de la vida en la abadía que el lector se siente parte de ella, entra dentro de sus rituales, normas y horarios.


Esta sumersión está tan bien lograda porque además de la multitud de referencias en latín y del estudiadísimo contexto histórico, Eco nos organiza la novela en 7 días, en los cuales pasamos por todas las horas canónicas (Maitines, Laudes, Prima, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas) que nos sitúan en diferentes momentos del día con sus respectivos rituales.






La riqueza de los personajes es otro factor que convierte a esta novela en una lectura imprescindible.


Guillermo nos aporta una fuente de sabiduría y sentido común a lo largo de toda la novela, que está llena de reflexiones y verdades que hacen al lector sentir una admiración inmensa por el personaje.


De Adso aprendemos a observar el paso de la inocencia a la adultez, personaje principal que gracias a su maestro, que desde el primer momento le invita a tener una mente crítica y en tener una opinión propia crece como persona y evoluciona enormemente.



“Huye, Adso, de los profetas y de los que están dispuestos a morir por la verdad, porque suelen provocar también la muerte de muchos otros, a menudo antes que la propia, y a veces en lugar de la propia.”





En una conversación que Guillermo mantiene con el maestro vidriero de la abadía, se reflexiona a cerca de la sabiduría:


Es inútil, -dice Nicola de Marimonde, el maestro vidriero de la abadía- ya no tenemos la sabiduría de los antiguos, ¡se acabó la época de los gigantes!


A lo que Guillermo contesta:


- Somos enanos, pero enanos subidos sobre los hombros de aquellos gigantes y, aunque pequeños, a veces logramos ver más allá de su horizonte.


El maestro vidriero sin embargo no es capaz de compartir esta opinión, respondiendo que sus obras no tienen el resplandor de las antiguas vidrieras. A esto Guillermo le ofrece otro punto de vista mostrándole sus lentes (objeto de gran asombro para todos los monjes ya que nunca antes habían visto tal cosa) y le habla de la importancia de la innovación y de no seguir el mismo camino ni la misma forma de pensar que se ha seguido siempre



Maravillado, el vidriero reflexiona:


- Sin embargo, muchos hablarían de brujería y de manipulación diabólica.


- Sin duda, puedes hablar de magia en estos casos. Pero hay dos clases de magia. Hay una magia que es obra del diablo y que se propone destruir al hombre mediante artificios que no es lícito mencionar. Pero hay otra magia que es obra divina, ciencia de Dios que se manifiesta a través de la ciencia del hombre, y que sirve para transforma la naturaleza, y uno de cuyos fines es prolongar la misma vida del hombre. Esta última magia es santa y los sabios deberán dedicarse cada más a ella, no solo para descubrir cosas nueva sino también para redescubrir muchos secretos de la naturaleza que el saber divino ya había revelado a los hebreos, a los griegos, a otros pueblos antiguos e incluso hoy a los infieles (¡No te digo cuántas cosas maravillosas de óptica y ciencia de la visión se encuentran en los libros de estos últimos!). Y la ciencia cristiana deberá recuperar todos estos conocimientos que poseían los paganos y poseen los infieles tamquam ab inuistis possessoribus. <<como de injustos poseedores>>.


Además, como advertía el gran Roger Bacon, no siempre los secretos de la ciencia deben estar al alcance de todos, porque algunos podrían utilizarlos para cosas malas. A menudo el sabio debe hacer que pasen por mágicos libros que en absoluto lo son, que solo contienen buena ciencia para protegerlo de las miradas indiscretas.


Después de compartir esta cita, animamos al lector a que no pasee por la superficie de la trama como quien pasea por un museo sin detenerse a contemplar las obras. Es este pues un libro en el que cada conversación destila filosofía e invita a un diálogo abierto con el lector planteando temas como el miedo, la superstición, la muerte, las creaciones humanas y la fe.


Por último destacar la relevancia que tiene la biblioteca dentro de esta novela, elemento fascinante y grandioso que se convierte en el laberinto de la historia.





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